La pérdida de poder de Scioli

El ex candidato a presidente, Daniel Scioli, explicó a La Nación que una derrota como la de 2015 “no lo excluye” para volver a ser candidato a presidente en 2019.La situación de poder del diputado cambió radicalmente con respecto a 2014 cuando era una debilidad para el kirchnerismo .

En 2014 escribía lo que sigue para El Cronista. Aunque el kirchnerismo de paladar negro lo resista, Daniel Scioli, mantiene sus ilusiones con ser el candidato a Presidente por el peronismo K. Hay varios motivos que hacen que aún sea el mejor candidato que hoy pueda ofrecer, en términos electorales, el Frente para la Victoria (FPV).

A saber, Scioli es el político que más espacios de poder y cargos ocupó en el peronismo (entre 1997 y 2012 fue dos veces diputado nacional y secretario de Deportes de la nación) y, desde que el FPV llegó al Gobierno, fue vicepresidente de la Nación y dos veces Gobernador de Buenos Aires.

Si hablamos de posicionamiento político, los atributos de Scioli se denominan experiencia de gestión y en eso aventaja a competidores internos como José Manuel Urtubey (Salta), Florencio Randazzo (Ministro del Interior), Julián Dominguez (Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación), y Sergio Uribarri (Gobernador de Entre Ríos). Para los analistas, su diferencial estaría en que gobierna, desde hace 7 años, el distrito con mayor peso electoral.

Al mismo tiempo, el ex motonauta es percibido por el votante no camporista como el representante que más acompañó al modelo. Pese a las reiteradas presiones, que han llevado a críticas de opositores y más de una cargada del periodismo, eligió acompañar. Por convicción o necesidad siempre estuvo del mismo lado del mostrador sin importar que lo definieran como tibio.

Hubo tres momentos que sirven de ejemplo. Apenas iniciada la década, Néstor Kirchner echó a todos los funcionarios de la secretaría de Turismo y Deportes que respondían al Vicepresidente por considerar que Scioli construía un espacio de poder propio, aliado con sectores vinculados a Eduardo Duhalde y a Carlos Menem.

Para 2012, el santacruceño tuvo su segundo acto disciplinario cuando lo retó en un evento en la Boca y le dijo que no tuviera miedo sobre el problema de la inseguridad y explicara quién le ataba las manos. En 2013 le tocó el turno a Cristina y, otra vez en público, le recriminó que su provincia haya sido privilegiada en cuanto a recursos de la Nación. En esa oportunidad la Presidente le pidió que se dedicara a trabajar y gestionar.

Pero el punto más favorable para Scioli es la opinión pública. La gente lo sigue ubicando como el que mejor imagen tiene en el FPV con respecto a compañeros y opositores. La mayoría de las encuestas  lo señalan como el único candidato competitivo del espacio. Hace unas semanas Poliarquía le asignó una intención de voto del 21%. Management & Fit, en una encuesta realizada a fines de febrero sobre 1600 casos, arrojó que el 17,4% votaría a Scioli. En tanto Isonomia dijo que posee 61% de imagen positiva y 31% de negativa.

Lo anterior lo transforma en una debilidad para el núcleo duro del kirchnerismo. Siguiendo el conocido análisis FODA, Scioli es una debilidad porque, aún en el interior del espacio, lo perciben como una barrera que impide el avance del denominado proyecto nacional y popular que se inicio en 2003. Y, en tanto problema interno, sueñan que desarrollando una adecuada estrategia política pueden quitarlo de la carrera electoral.

Luego de 11 años en el espacio para el bonaerense también sería muy difícil presentarse como competidor del Gobierno y el kirchnerismo, hasta el momento, no tiene otro que mida como él. En consecuencia, Scioli Presidente, parece ser la mejor opción para ambos y deberán acordar ya que, de lo contrario, se reducen las posibilidades de continuar más allá de 2015. Por el lado de Scioli quizás sea tiempo de concentrarse en seducir al público interno más que al externo. En tanto, el kirchnerismo debería analizar si, con el primer mandatario bonaerense, tienen una fortaleza en lugar de una debilidad.